miércoles 22 de abril de 2009

Mis Ojos






Mis ojos, capullo y sortilegio
dibujo errado y fragmentario
cambiantes como la piel del camaleón
tímidos como las marmotas
alpinos y silvestres como la filosofía
receptáculos de realidad
en amalgama de baja ley.

Pardos, como los osos pardos
Viejos, como la vieja Helena, asesina de pelotas viejas
en las pichangas de mi bello Barrio.

Mis ojos, blandos como el mercurio,
tus ojos , el reflejo de los míos en los tuyos;
mis ojos, aquellos que circunspectos te aprehenden en memoria
que te crean y recrean a su antojo.

Ojos de negra alcurnia
de negra pupila
de negro paisaje y negro semblante
de noche oscura como oscura es la tortura.

Mis ojos, ojos de vidrio y baquelita
Plasticina o greda fosca;
estructuras de mi "yo" más escurridizo

Ojos llorones, ojos somnolientos y a veces abatidos
Ojos rojos de la pura buena onda,
Ojos tinto como mis labios tintos,
Ojos perseguidos
Ojos perseguidores.

Ojos con memoria,
prodigia como la de las tortugas
Ojos que tus ojos bien conocen,
Inapelables como la ternura de las mariposas,
Intransigentes como un buen argumento,
Irrestrictos como la historia oficial.

Mis ojos, vulnerables como la expectativa
envalentonados como la ignorancia
Ojos, que tus ojos más quieren
Ojos que aún te esperan


Autor: Daniel Soriano Correa. Todos los derechos reservados. Copyright © 2009.

domingo 5 de abril de 2009

Lucid Dream


“Lucid Dream”


Es cierto… todo está allí, girando como tus ojos; no es más que lo que está y ha estado en tu memoria, en tu cabeza confundida como en un sueño; estas porque allí quiero que estés, sentada en aquel taburete gris, mesita escondida en un rincón del café Chardeaux; justo al frente, un cenicero atiborrado de humo consumado y un libro que está, precisamente en el clímax en que tus ojos se clavan en el misterio, en el enigma de no saber nunca cómo concluye lo probable, solo, hasta que simplemente ocurre.

El vapor profuso de un cappuccino que se escabulle entre murmullos de conversaciones ininteligibles que testarudamente trato de esquivar, aún, cuando el único objeto sea concentrarme en aquel turbador silencio. Especulación… maldita palabra, deleite de la paranoia, solo cinco metros que distan entre tu indiferencia y la mesa en la que aparento leer poesía.

Susurro incansable de los pensamientos, el radio que vocifera una y otra vez las noticias del día, recurrencia, constante, persistencia, regularidad, exasperante lógica de una treintena de estímulos sonoros; vienen como una bala al tímpano. La noticia del oficial de policía que había sido baleado en la madrugada del domingo, o que había ocurrido el “femicidio” número cincuenta y tres en lo que va corrido del año… motivos desconocidos por el fiscal… (se especula que podría haber ocurrido luego de que el marido se percatase de aquellos 5 años de exquisita infidelidad). Todo, todo saliendo de aquel cubo de madera y un parlante de bobina achurruscada, sonido, cacofonía que se abre camino entre el humo y que atraviesa la resonancia de cucharitas chocando contra la porcelana cuando se revuelve el té; a cinco metros, tú, sentada, invariablemente en el mismo lugar… 11 en punto, un café y el final del juego de Cortázar.

No son muchas las mesas, quizás siete; una barra sosteniendo dos cafeteras, una máquina refrigerante con pasteles de frutilla, uno que otro trozo de kutchen y un par de tartas cuidadosamente elaboradas; no es un lugar muy grande; especulo que así son los lugares que te atraen, porque siempre has estado allí, quizás desde el inicio del tiempo, quizás solo hoy, en un segundo, un pensamiento o un sueño que termina con una bala entre el pecho… quizás semejante a la eternidad de la huida, la longevidad de los duelos cuando aún se sigue amando, la permanencia de las dudas derivadas de la cobardía… así como mi propia cobardía, aquella que me permite aprehenderte con la mirada pero que me constriñe a seguir aquí sentado, conversando con las dudas. Siempre has estado allí, o al menos siempre has estado allí cuando yo también estoy, y yo, no sé desde cuando estoy…

No existe el tiempo, el escenario es de pronto limitado e infinito… (para mi)… el orden de cosas terminó siendo aparente, porque éste es el mundo que creé (para ti), o que quizás creaste (para mi), y me relegaste a esta maldita falta de arrojo, a estar sentado de este lado del deseo, a 500 centímetros de tu libertad. Es cierto… todo está allí, girando; no es más que lo que ha estado y está en tu cabeza confundida; estas porque quiero que estés, o porque tú quieres que yo ahí esté, sentado a los pies de la maldita ficción.


He repasado incansablemente “una temporada en el infierno” de Rimbaud… “Antes, si mal no recuerdo, mi vida era un festín donde se abrían todos los corazones, donde todos los vinos corrían.” Pero mi corazón está cerrado, sesgado, recluido a mi paranoia. Eso es lo que aparento leer día a día ad portas de un cúmulo de indiferencia, desde el inicio del tiempo hasta que el fusil se pose en mi pecho y jale el gatillo. El enunciado que gira una y otra vez, que me recuerda el pasado, que me pregunta si esto ya aconteció, presente y futuro en mezcolanza confusa… no tengo respuestas, quizás seas tú la respuesta a todo esto. Soy de una raza nacida de lo probable, de la que no soporta el fracaso, de la que prefiere la incertidumbre de las posibilidades, las potencialidades antes de los hechos (sobre todo de los que pueden causar dolor). Te amo, te deseo tanto que no corro el riesgo de extinguir esa posibilidad, esa remota posibilidad de tenerte.

Fue un día, o un segundo, un milenio… pude ver las cosas con mayor simpleza, o al menos, fue lo que pude ver, lo que quise ver, lo que mi naturaleza está destinada a ver o, lo que decidí ver; pues he llegado a comprender que una decisión nunca es propiamente tal, solo es lo que creemos más adecuado en razón de nuestro mundo limitado de posibilidades. Mi condena eras tú, y yo estaba relegado a sufrir hasta el final de los días. Tú eras mi condena, y tú, no eras real… eso lo supe cuando por fin decidí, si es que a esto se le puede llamar decidir, acabar con este infierno.


Decimos que somos divinidades en el mundo de los sueños, arquitectos de una realidad alternativa ideada a medida; pero hoy supe que aún cuando se obtiene la conciencia de estar soñando, el llamado “lucid dream”, como yo la obtuve en ese preciso instante, saber que todo suceso está en el pensamiento, somos incapaces de alienar el orden de cosas, la racionalidad de lo conocido; la realidad funcionando bajo las mismas leyes, los mismos miedos, las mismas dudas, la misma imagen de ti sentada en aquel rincón del café Chardeaux.

Si te dijera, que en estos momentos sueño, caminando hacia ti, con el revólver entre las manos; si te dijera, que te imagine allí sentada, tal como hoy, que ojeas “la noche boca arriba”, es quizás porque ese cuento se encuentra en el último libro que amontono en una torre sobre mi velador, es acaso porque esas líneas fueron lo último en esfumarse antes de presionar el interruptor de la lamparilla roja esta noche, cuando el insomnio se vuelve intolerable y el frio de la noche se acurruca entre las sabanas. Como podría decirte que te sueño mientras una mujer se acerca a mi mesa con una bandeja y deja un platillo con un pedazo de pastel y una taza de café junto a una pequeña cuchara de plata, que te imagino, y que te ves más hermosa que nunca, con la luz de la mañana que se cuela por las ventanas, y te percibo con la pureza con que se perciben las ideas, los conceptos, la razón última depurada en signos, letras, números, razón y lógica. Que te sueño en un escenario sin tiempo, en una condena infinita donde la métrica y los cronómetros de los cronopios se desvanecen.


Supe que no eras real, eras significante y significado, eras una imagen de todo lo que esta noche se de ti, lo que la voz en mi cabeza me habla y en lenguaje limita, reduce y me hace cautivo… te pienso, te imagino, te leo, te veo, te veo cómo ve el prisionero encadenado en la caverna platónica. Y descubrí que mientras existieras no había opción para mí. Esa era la respuesta, tú eras la respuesta; eras mi condena y mi salvación, eras el inicio y el final del juego.

Una mañana de sol radiante decidí matarte. Guardaba el revólver entre mis piernas. Te mire por última vez… te observe sabiendo que era la última vez que te tenía, a mi modo de tener las cosas, y que te había tenido por siempre, en un sueño imperecedero, estas porque allí quiero que estés, sentada en aquel taburete gris, mesita escondida en un rincón del café Chardeaux.



Manuel se levantó de su asiento y agarró con firmeza el revólver gris. A medida que avanzaba, erguía su cabeza gacha al vaivén de los brazos que se extendían para dar con el ángulo preciso del pecho de Magdalena. Cuando estuvo frente a ella, no dijo nada, solo jalo el gatillo. La bala salió expulsada veloz en dirección al corazón.


Es curioso, pero existe un instante inexplicable justo antes del despertar, un momento que trasciende entre la frontera del cielo y el infierno, el limbo de Dante en el centro del pensamiento mismo. Por una parte, se adquiere la conciencia de aún estar soñando, pero por otra, se experimenta una parálisis física de la que no se puede escapar, solo, hasta que simplemente desaparece… o no, como pudo percibir desde el comienzo Magdalena: el momento perpetuo de agonía. Pudo ver como la bala viajaba inmortal en dirección a su pecho, que se detenía y avanzaba tan lento como ella quisiese; pudo comprender que esa bala solo existía en la mente, en la memoria, en un suceso o en la proyección de una idea imperecedera del concepto “bala”, que podía tomarla con sus manos y moldearla en un escenario doloroso y eterno, irreversible; Todo estaba ahí, todo, no era más que ella, su mundo, la bala y una parálisis que solo terminaría con su pecho ensangrentado.

Magdalena en ese instante atemporal, descubrió algo que siempre debió haber previsto, pero que solo se sabe hasta que simplemente ocurre. Manuel no sueña, Manuel es parte del sueño, Magdalena, tu sueño, que es imagen de tu muerte suicida. Era ella quien apretaba el gatillo, si Manuel sostenía el revólver entre sus manos era porque ella así lo quería, y quizás podría haber despertado y terminar con esa pesadilla, si solo hubiese sabido la verdad unos minutos antes, porque el mundo en un sueño no es sino una realidad donde todo lo que existe son variables de nosotros mismos, somos dios y criatura interactuando, asesino y asesinado en la frontera de la vida y la muerte. Manuel y Magdalena siendo uno, víctima y victimario, asesino y asesinado reunidos en el acto suicida.

Magdalena se encontraba paralizada en la conciencia de saber que moría. Asfixiante paradoja, era nuevamente el infinito, la condena, la muerte perpetua. Pero ella ya tenía la respuesta, la respuesta a su propia condena… solo restaba esperar, tendida en la cama, rendirse a la muerte y burlar el tiempo.

Los latidos rápidos acentuaban una mancha de sangre imaginaria que se expandía por las sabanas; la luz de la lamparilla roja que tenía en el velador, había estado encendida toda la noche; justo al lado, en la cúspide de la torre de libros, el final del juego de Cortázar.

Autor: Daniel Soriano Correa. Todos los derechos reservados. Copyright © 2009.

lunes 24 de noviembre de 2008

Conjeturas sobre como amar a Alamisa (parte I)

Porque de querer a un instante perdido entre tus pupilas está el silencio, el sigilo que desgarra cada una de las letras de la duda que fortalece la incomprensible sensibilidad de los lugares ambiguos, de la inconstancia perpetua de ver cómo te escabulles entre una sonrisa y una sospecha que nace de tus manos. Y si reconozco que fui condenado a las implicancias persistentes de tus palabras sin amalgama, de la articulación escabrosa en que se te van enfriando las complejidades; y si fue porque yo te abrí las venas de mis resguardos y te deje que entraras por las puertas abiertas de mis sentidos inermes, no fue para que irrumpieras confundiendo lo probable, llenado todo nuestro dialogo de perfidia, adorable perfidia. Indiferencia que mata la paciencia, tiempo perdido que me congela la espera, mundo de lo posible deambulando en tus ojos empapados de azucenas.

A menudo me oculto en la apariencia de nuestras visiones disímiles, así discurro que la tinta espesa de tus gestos jamás se mezcla con los míos, porque te ideé como la antípoda de mis conjeturas, el otro lado de las ideas propias, donde la correspondencia es descoloco y seducción, porque estúpidamente deseamos el descoloco, la bendita sorpresa, el desarme del arraigo de las obstinadas expectativas. Alamisa, nunca fuiste tan distinta. Eres única, como cuando tu sonrisa mata lo racional, como cuando tu frente cede y te vuelves vulnerable… de pronto eres otra, Alamisa, eres otra, eres todas las mujeres cuando tus ojos están en lucha, cuando percibo el control incipiente del palpitar clandestino que por tus venas se expande cuando regañamos. Yo también me pensé discorde, un otro lejano y siempre alerta, con semejantes guaridas al desengaño; y siempre trato de imprecar las razones que me matan, descubrir que es lo que me pasa cuando el dialogo se desvía hacia un “otro”, cuando preguntas si he superado los fantasmas del pasado como si esperaras por un segundo que mi expresión se descomponga, que me cambien repentinamente los colores del rostro.

Yo a veces pienso que disfrutas de esa mecánica maligna, ese jueguillo de caricias impalpables que te dicen hasta donde estirar la cuerda, el tanteo cobarde de no decidir nunca las cosa… que va, no tengo la suficiente entereza para decir que no me divierto, o decir que nunca utilicé semejantes artilugios a mi favor, esperando nunca estar del otro lado por supuesto, aguardando una respuesta que nunca llega, que simplemente se oculta y gira en vacilaciones.

- ¿Joaquín?, ¿en qué piensas? Estas como ido.
- Nada, solo pensaba - decía mientras quedaba a descubierto y trataba de mutar la idiotez de mi cara; Solo pensaba… pensaba en estallar y gruñirle a la cara que el tiempo se me acaba.
- Te quedaste como hipnotizado menso - me decía con esa burlesca ternura con que imitan las mujeres los gestos estúpidos: la lengua afuera, un dedo en los labios graficando la baba, los ojos turnios perdidos en la inmortalidad del cangrejo y un sonido gutural que realza lo absurdo.

Tu mirada penetra el cristal de mis lentes hippi-lais advirtiendo el escozor de unos ojos profundamente rojos. Estallas en una risa chistosa, porque aunque se crea que si existe algo que por antonomasia sea gracioso, eso es precisamente la risa, se olvida a veces que existen otras risas, las que nacen de la mera cortesía, o como indició de una situación de incomoda, de los nervios, la empatía, cosquillas, alegría, desahogo siempre que vaya después del llanto, etc. Tu risa se calma cuando en el reflejo puedes ver también los tuyos, mundos en un entramado de venillas escarlata que se asemejan a los caleidoscopios. Me toca a mí la risa.

- ¿Ves Alamisa que no solo soy yo el ido? Me acerco un dedo a mis labios purpura y dibujo la baba cayendo mientras mis ojos turnios se burlan de los tuyos.

Aprovechas el instante sonriendo para llenar las copas.

Autor: Daniel Soriano Correa. © Copyright 2008. Todos los Derechos Reservados.
Fotografía: daniel Soriano C. © Copyright 2008. Todos los Derechos Reservados.

martes 30 de septiembre de 2008

De cobardes, experiencias, dudas y decisiones


Los cobardes son aquellos seres desgarbados que por alguna extraña razón le temen a las experiencias. Los cobardes suelen ser camaradas de las dudas, que por lo demás, son personajes tiernos y dóciles y que por lo general se manifiestan en forma de preguntas. Las dudas son curiosas, y sin quererlo, atormentan constantemente a los cobardes, que son personitas sin carácter. Un cobarde difícilmente se puede resistir a la belleza y elegancia de las dudas.

Los cobardes cuando crecen, se transforman en decisiones o en complejos. Los complejos más vetustos, son aquellos que se dedican al arte de interpretar a las dudas, que son seres adorables y que siempre requieren que les estén regaloneando. Cuando un cobarde se encuentra por la calle con una decisión, la envidia lo consume; pero posiblemente arranque y busque compañía con las dudas, porque las decisiones son personas ásperas y radicales, pero seguras de sí mismas.

Las experiencias en cambio, son extremadamente afables, pero demasiado interesantes como para no causar miedo en los cobardes. Es por esto que las experiencias suelen pasear por los parques de la mano solo con las decisiones.

Autor: Daniel Soriano Correa. © Copyright 2008. Todos los Derechos Reservados.
Ilustracción: "Silence". By Circo de Invierno (CC). From Flickr.com

viernes 19 de septiembre de 2008

Divorcio


Brilla en tu pupila
mi gesto lento,
el calco exacto.

Vela el viento el perfil,
de tu ojo en sombra timado.

"Divorcio" (Tanka). Autor: Daniel Soriano Correa. © Copyright 2008. Todos los Derechos Reservados.
Ilustración: Daniel Soriano Correa, © Copyright 2008.

domingo 14 de septiembre de 2008

Estancia Spenceriana de Joaquín para un baile de Alamisa


Tu cuerpo es un carnaval, Alamisa
Pienso y el vino me apalea el lomo
Yo te miro cuando estas de fiesta
Todo es euforia mezclada con humo
Tú danzas sola con mi deseo
Yo con el ojo dibujo tus pasos
Tú, gesticulas una copla en silencio
Alamisa, saya y desengaños
¿Por qué la cantina ahíta y los cobardes sentados?

Daniel Soriano Correa. © Copyright 2008. Todos los Derechos Reservados.
Ilustración: Francisca Donoso Azar.

sábado 13 de septiembre de 2008

La persistencia en la razón de las realidades posibles


Mira el reloj, apuro, aprietos, conflictos, compromisos. Apresura el paso burlando adoquines, esquivando vagos, desatendiendo la multitud. Viene la angustia, ahogo, problemas… ¡tropiezo! Perdida de 30 segundos. Disgusto que se dibuja en el rostro y paso que nuevamente se acelera. Ahumada late, palpita y apesta a música de supermercados.

Se frena en un semáforo inoficioso, intersección con Huérfanos; agobio, cesa con el pitido de la señalética para no videntes. Tiempo, contratiempo; mira el reloj: acto reflejo. La bulla y la música confunden, efecto incierto. Plaza de armas, cagadero de palomas y cemento. Se persigna frente a la catedral sin detenerse. Atolladero, jaula de pensamientos que le hacen estallar la cabeza. Corre, ¡corre!, el tiempo y el espacio lo determinan. Probabilidades, posibilidades, ¿lo imposible o lo poco probable?, contingencias, sucesos, riesgo, riesgo permanente, ¿peripecias? Un segundo, puente infinito en probabilística. Estar o no estar cuando se debe estar.

Él lo sabe, San Antonio con Santo Domingo, 14:35, hora de colación. 14:30, él espera. Él lo sabe, Ella cruza, ella debe cruzar, ella debe esquivar el mismo vendedor de películas piratas. Mira el reloj: acto reflejo, 14:37, Laura no está, Laura rompe una certeza. 14:38, 14:39, 14:40, 15:00, 17:00, días, meses, años; ¿suceso anterior, posterior, inexistente? indiferencia. Laura ya es parte de la realidad alterna.

Permanecer, eternizarse, perdurar, subsistir, insistir, aguantar la silueta de las huellas de tus pasos, la residencia incansable de la memoria, del arraigo; Abandono, evolución, renovarse, ¿rendirse?, irse, mudarse, cambiar, ¿casualidad?, errar… la persistencia se niegan a morir ante las razones de las realidades posibles.

Daniel Soriano Correa. © Copyright 2008. Todos los Derechos Reservados.
Ilustración: Juan Ignacio Iglesias (cc)

martes 2 de septiembre de 2008

Fermín Lagunas


Fermín lagunas sostenía la vejez sentado en una silla metálica con cojín de cuerina rojo; Ahí había pasado sentado la mayor parte de su vida. El Almacén que atendía había sido de su padre, que también paso su vida ocupando el mismo espacio, en otro tiempo, pero las marcas de esa silla eran en el mismo suelo, era el mismo sucucho sin luz y con moscas, la misma lentitud con la que Fermín atendía el boliche, que por cierto había heredado de su padre junto con el Almacén. Comprar un 1/4 de queso y cinco hallullas donde Fermín podía ser un escenario surrealista para enterarse de todo el acontecer noticioso del barrio, incluso con cierto nivel de detalle y una visión analítica. Tiempo aproximado: 4 minutos.
Alamisa era su hija; Alamisa era sus Ojos. Si el taburete tenía resina negra sobre la cuerina roja, era por los años que Fermín había permanecido sentado para darle una educación decente, no como la de los pungas que le daban jugo por un cigarro suelto, por un alfajor fiado.
Para Fermín Lagunas, Endemio Cantos era "la amistad". Eso no era un elucubración compleja, simplemente era el único verdadero amigo que había tenido.
Fermín a las 6 en punto instalaba una mesita fuera de su local donde ponía el mate y una baraja de naipe español. Jugaba brisca con Endemio hasta las 7 en punto; después era difícil, el almacén se llenaba a la hora de once.

Daniel Soriano Correa. © Copyright 2008. Todos los Derechos Reservados.
http://danielsoriano.blogspot.com/
Ilustración: Libertinus Yomango.

El Muro: Sobre Aurelio


La cara contra el muro, inhala la humedad de la muralla enmohecida. Arrastra la tela bolsuda del pantalón a media raja por las posas, barro, tierra espesa. El agua se le cuela por las Adidas de lona color pastel. El rojo de la baliza ilumina el vértice del muro, él busca una sombra en la pared roída; desliza los brazos para ocupar el menor espacio, para camuflarse en la oscuridad mientras la parca se le impregna del buqué putrefacto a orina de los ladrillos. Aurelio aguarda tras el muro, descansa; viene corriendo de los pacos hace 2 horas. Logró llegar a la población; ya conoce esas calles, el cablerío infinito del alumbrado eléctrico, conoce ese barro entre los dedos, esas sombras y la humedad de ese muro; ya ha estado ahí y sabe, que la luz roja de la baliza nunca atraviesa el muro. Desaparecerá y se perderá en la siguiente calle.

Daniel Soriano Correa. © Copyright 2008. Todos los Derechos Reservados.
http://danielsoriano.blogspot.com/

jueves 31 de julio de 2008

Paradojas (versión completa)


Ya no era extraño que él sintiera la agotadora irregularidad de los ánimos, la dinámica pendular de su presencia en una quimera nocturna, el símil de una balanza coja en la infamia de abalanzarse a la temida añoranza, a la franqueza inútil de sentirse una vez más confortable, de reconocer el potencial del albedrío mientras desahuciaba la asidua y majadera estancia de sus fantasmas.

Ella mutaba a una paradoja insostenible, una torre de naipes aguardando a caer, un equilibrio caduco, un contrapeso precario, inexistente, pero estúpidamente presente; vigente en un corredor paralelo, en un destello de luz velada, en el abismo de lo intrínsecamente propio, como una figura centinela de las cavernas de la percepción, aquella que con una mano ciega la vista y con la otra golpea murallas mientras sonríe, como disfrutando la amarga ironía de los ecos residentes, allegados de una realidad donde ella ya no existe, donde solo es sombra y desvelo, polvo y vestigios… pero donde de alguna forma “es”.

Él percibía que tercamente subsiste ese “algo” fastidioso, ese contrasentido persistente de eludir cualquier recuerdo que evocara la memoria, el cosquilleo de la inquietud, de la turbación de caminar por la avenida y sentir que ella ahí estaba; en los lugares que él concurría, en los lugares que ella no concurría pero podía concurrir. Porque sin quererlo eso se había transformado en una mecánica cotidiana, educada; que aunque si bien no era algo irritante, era a lo menos “molesto”; significaba conjugar su accionar en virtud de un cotejo inquisidor, de una pesquisa dirigida en la aglomeración de gentes como requisito de una sonrisa de alivio.

A veces divagaba sobre las razones de aquella paradoja, sobre la inexplicable potencia de un estallar a la altura del vientre cuando menos se espera, cuando menos se busca. Era consciente de que ella ya no era parte de su vida… tampoco quería que lo fuera, pero era innegable que el equilibrio se esfumaba cuando el viento le traía noticias de ella; no importaba qué fuera… era el simple hecho de evocar a la memoria, de desempolvar un baúl que había sido la parte más importante de su vida, que al fin y al cabo fue su única vida hasta que ella decidió cerrarlo de golpe, sin anestesia.

La prudencia del tiempo la conservaba alejada de la fibra más sensible, pero otra cosa era la contingencia de un día de “lluvia-sopaipillas-y-abrigo”, de una melodía “melancoesquizoide” de Spinetta, de un film de Gondry, de una protesta estudiantil en algún paraje neurálgico de la ciudad, asunto que se había vuelto recurrente en el último gobierno, tan recurrente como su asistencia. Pero él no habituaba ser un hombre de contingencias, o al menos, nunca lo había sido. Supo que había tantas cosas que nunca había sido, cosas que el letargo del tiempo mantenían calladas, dormidas, aguardando…

Revisaba frecuentemente el pasado en su mente con la suspicaz mirada de un búho nocturno. Hurgaba en los estrechos pasillos donde estaban las imágenes que testarudamente retenía, aquellas que de alguna forma le recordaban quien era… Repasaba de pronto una noche con sus manos cerca del fuego, una vela encendida y el viento frio del sur; el murmullo constante del oleaje sobre las piedras brunas paralelamente con el mudo expirar de un cigarrillo que se consume entre los dedos. Recogía hojitas de los costados para avivar la hoguera que lo único que lograba era hacer patente el silencio, el frio que los rodeó la última época. Amasaba el espacio en su mente haciéndolo una barrera impenetrable, una cadena con eslabones de acero que limita la frontera exacta donde se comienza a estar incómodo, donde se reconoce la probabilidad de una lágrima, de un titubeo, de un potencial desengaño.

Aprendió a vivir a un costado de aquel umbral, donde todo es circunstancial, donde no funciona el sistema que había construido durante años. Al otro lado de la muralla que paró para separar el mundo que compartían del otro. Cada eslabón es un vínculo que se destruye, cada ladrillo es el sepulcro de un lazo que se aniquila; es la sonrisa de la madre y el padre que se extingue, la visión de una silla vacía en el comedor, de una duda en el silencio, del brillo de tus ojos que a la cuenta de 3…2…1… ya no existe.

A veces miraba desde el otro lado por las rendijas. La veía con un martillo en mano destruyendo engranajes, dinamitando estructuras, demoliendo pasado. En la otra, construyendo el mundo. Él giraba y veía el suyo… Un terreno llano, pero sin estructuras. Las dejó a otro lado de la frontera para que ella las desplomara.

Solo subsiste una plática implícita con la mirada, un armario atiborrado de especulación, de supuestos, de ¿Qué será de ti..?, ¿Disimulas?, ¿extrañas?

En el sofá él ensaya a vivir. Mira el llano y dimensiona tamaña calamidad. Pensaba:

- Si un tiempo fui… ya no soy. Antes era, ya no existo (al menos como antes existía)…de no existir a existir hay un quiebre, ERGO, volver a existir y ser viable en el tiempo implica un inconmensurable número de posibilidades de “ser”, o en otras palabras más simples, si tengo que escoger volver a existir (por que volver a existir ipso facto implica una decisión), soy capaz de escoger quien seré. Seré escritor… Sonreía.

Martín fue un hombre complejo. A menudo su cabeza repasaba la cotidianeidad en forma de silogismo (Algo así como un argumento que consta de tres proposiciones, la última de las cuales se deduce necesariamente de las otras dos), por lo cual pensar le resultaba una tarea enredada:

- Antes fui por mucho tiempo quien creí que quería ser. Si bien no era lo que otros querían que fuera, ciertamente existió una cuota que contribuyo a que lo que era, fuera en función de otros. Llegué a ser un respetable orador de sobremesa, un potencial hombre de negocios, un aficionado a las artes, en fin, un paradigma. A Raquel poco le importaban los paradigmas, poco le importaba el poder de las palabras (de hecho abiertamente no daba valor a las palabras, solo valoraba los hechos), no disfrutaba de la lectura. ERGO, las cosas terminan cayendo por su propio peso.

Los silogismos son herramientas malévolas. La estructura mental de Martín adolecía de un error metodológico irreparable: En el pensamiento dicotonómico no hay lugar para matices. Así por ejemplo, un silogismo clásico en jerga popular grafica el problema:

“Dios es amor. El amor es ciego. Steve Wonder es ciego. ERGO: Steve Wonder es Dios. Así mismo, dicen de mí que soy nadie. Nadie es perfecto. ERGO, yo soy perfecto. Si solo Dios es perfecto, Yo soy Dios. Si Steve Wonder es Dios, Yo soy Steve Wonder ERGO: Soy ciego.”

La lógica es un sitio incomodo para el amor, eso lo pudo comprender Martín sentado en su sillón mientras masticaba el humo y palpaba con sus dedos una cajetilla de cigarros que cada día se vaciaba con mayor rapidez.

Pero Raquel tampoco era una mujer de matices. Nunca se sintió grata en el equilibrio, en una postura conciliadora, conversada. Raquel se fue transformando con el tiempo en una mujer radical. Eso a Martín le apasionaba, pero con el tiempo lo terminó fastidiando.

- Y es que las cosas no son blanco o negro, quizás a veces, como cuando digo “te amo”, porque se ama o no se ama; pero la mayoría de las veces las cosas son plomas, decía Martín.

La radicalidad de Raquel marcó el quiebre con Martín, seguramente aún lo quería, pero nada de lo que él tenía para hacerla feliz era lo que ella buscaba.

Fue cuando decidió dejarlo.

Martín sintió que su vida se apagaba, y de hecho terminó por apagarse. Martín murió, no como quién muere en un asesinato, sino que murió en esos términos que solemos llamar poéticos, como cuando el novelista decide matar a su personaje de pena.

Cuando Martín se hayo “poéticamente” muerto, se enfrento a la problemática de que todo lo que había llegado a ser junto a Raquel, simplemente ya no era. Pensó Martín:

- Yo un día fui junto a Raquel. Raquel era parte de mí y Raquel ya no está. Yo sin ella no soy. ERGO, desde hoy Martín no existe.

Cuando él fue capaz de semejante conclusión, fue libre. Agarró su pluma y escribió:

“De todas las muertes, la mía es la más bella
porque el puñal que en mi enterraste me dio la vida
porque me dejaste morir para verme nacer
y porque de todas las cosas que hoy puedo ser
he decidido ser escritor...

y digo:

Martín ha muerto.
Yo soy Martín, yo fui Martín, y esta es mi historia.”

Daniel Soriano Correa. Copyright (c) 2008. Todos los Derechos Reservados.
Ilustración: Maurits Cornelis Escher

domingo 27 de julio de 2008

Extranjero


Soy un extranjero en las tierras que mías pensé
una memoria repelente de quien presumí amábame
con tu apatía tras un trecho pedregoso recíbesme
y yo, que con la ingenuidad sonsa de un polluelo extrañábate.

Y ¡tú!
con el no-júbilo de tus ojos salúdasme
yo, cuando más dentro del averno encontrábame.

De la indolencia de tus NO-miradas cuando NO-buscábasme son mis penas
yo siento-me al humo aspirar mientras sonríes
y te deseé
y te maldije.

Y ¡tú!
En mi refugio un extraño hicísteme
De tu zalema desterrado dejásteme.

Una extraña partida jugamos
ambos vencidos resultamos
tú olvídasme
yo olvidarte haré.


Daniel Soriano Correa. Copyright (c) 2008. Todos los Derechos Reservados.
Ilustración: "Distancia". Daniel Soriano Correa. Copyright (c) 2008. Todos los Derechos Reservados.

domingo 20 de julio de 2008

Expectativas


Aguarda… inspira el humo lentamente. Ella espera, sentada, ansiosa. Sabe que puede ser el chance de vencer la soledad, de enmendar el rumbo, de sentir que después de tantos años sus amigas tenían razón cuando le decían que dejara a ese pelotudo que fue su esposo.

Ella apuntaba su mirada a la avenida atiborrada de gentes en señal de búsqueda; Por ahí debía venir Benjamín, aquel chato que la Marcela siempre encontró buen partido para ella, un cabro esforzado y de buena familia decían.

Al benja siempre le gustó la Maca, por lo cual la cosa ya estaba medía cocinada; faltaba la habilitación para el gol, una empujadita para apagar la timidez, un encuentro programado en Estación Central a las 11 para ir por unos Shop a Matucana.

Dicen que la culpa fue de la gargantilla de oro; yo a veces pienso que fue de las expectativas. La Maca murió sentada esperando sentirse querida; al asaltante que clavó el puñal en su cuello nunca lo encontraron.

Daniel Soriano Correa. Copyright (c) 2008. Todos los Derechos Reservados.
Ilustración: "Totoro", "La rutina desvanece los sueños". Ilustración bajo licencia Creative Commons. (BY)

viernes 18 de julio de 2008

Una Cuestión de Percepción


Él no tenía memoria de corto plazo; ella no recordaba sus primeros 20 años. A ella no le importaba que él la hubiese atropellado hace 10 años causándole amnesia... lo había olvidado. Para él siempre era tarde cuando al final del día lograba reconocer el rostro que causó su demencia... lo olvidaría mañana. No era extraño que a menudo se enamoraran bajo aquel sauce del manicomio.

Daniel Soriano Correa. Copyright (c) 2008. Todos los Derechos Reservados.

martes 15 de julio de 2008

Mutante



Cuando por fin logró despegar sus parpados empapados de sueño, se desarropó y busco las pantuflas grises en el velador. Con un giro dificultoso caminó hacia el baño bostezando, recordando con una sonrisa lo poco que recordaba de anoche; pensaba, “debió haber sido una noche cuantiosa en cerveza” ayudado por la presión que la vejiga ejercía en su vientre. Sus pies se arrastraban en aquel corto trayecto como los pies de un mutante. De pronto topó de golpe con la puerta del excusado. Subió la tapa del retrete en la medida de un gesto de alivio que aumentaba mientras se liberaba de las causales de su dolor de cabeza. Perezosamente levantó la mirada para verse en el espejo. Sorpresa, no era el mismo… era el mutante que de vez en cuando lo visitaba para recordarle su humanidad. Nada de qué preocuparse, nada que no se pueda arreglar. Después de una ducha, desenfundó su Armani, ajustó lo que más pudo su corbata roja, tomó su maletín atiborrado de importantes decisiones, se puso su máscara de día lunes y partió.

Daniel Soriano Correa. Copyright (c) 2008. Todos los Derechos Reservados.
ilustración: Kazuhiko Nakamura (almacan).

sábado 14 de junio de 2008

Vulnerabilidad


Soy sensible a tus palabras, amante de tu curiosa expresión parecida a un soplo en reversa justo antes de tu sonrisa, del verdor de la retina analítica y del fulgor perfecto de tus pupilas en las que advierto mis labios púrpura, tinte de copas más que de la escarcha de una noche fusca. Tus manos se hunden en la áurea lasitud de tu pelo. Al unísono, una mirada captura mis sentidos, justo cuando soy tan vulnerable a amar, tan susceptible a un falso indicio de concomitancia, entregado a tu voz tenue, a tus cordiales ojos negros. Tu miramiento se acopla con el mío en una pausa temerosa, insegura; se superponen como un planeta y una estrella alineados, trastornando la frialdad del afelio de la distancia, aún cuando ambos sabemos que no es el instante apropiado, que las cosas no son simples.

Despejo la humareda con un soplo afónico, tú murmuras un recuerdo ajeno, dialogas sobre agujeros ciegos del pasado, los mismos que pretérito fueran mi resguardo silente, los que aún en sueño son paraje ineludible, irremediable. Sin embargo tú retiras un velo de tus ropas y lo dejas caer en mi consciencia, tus palabras atontan al mal recuerdo de mis verdugos, tus caricias, afectos invisibles, son bálsamo a mis heridas; y por un segundo no existe nada más que tú… y yo, nuevamente inerme.


Daniel Soriano Correa. Copyright (c) 2008. Todos los Derechos Reservados.

Ilustración: John William Waterhouse (1888) - "La dama de Shalott."


martes 10 de junio de 2008

La Dinámica de Llenar Vacios



Rearmar los nudos que sostienen al corazón
Soportar la ventolera de la fugaz partida
Presenciar la agonía de lo aparentemente inmutable.

Adentro,
Sentir el sonido de un palpitar mudo
La memoria de la pupila de tus ojos grises
La sumatoria de la melancolía y el frio del balcón donde miro tu ausencia.

Por el catalejo
Miro a través del ojo de la duda
La duda que es lejanía
Y con un soplo aparto la niebla de la mala memoria
Doy la mano al tiempo y busco el único camino que no lleva a ti…

Y solo encuentro un paseo obligado al olvido.

Y de pronto me hayo en el duelo de pisar las cenizas de lo que guardabas para mi
Recorriendo los caminos de la torpeza
La inexorable sensación de ver que el tiempo avanza y que es un túnel al olvido.

Sigo caminando y comprendo la dinámica de llenar los vacios
Dotar por un momento de valor las cosas simples
Sentir el gusto de lo intrascendente
Capturar la tenue luz de la esperanza y abrazar el último recuerdo
Y sentarse taciturno en la cómoda posición de nunca más estar expuesto a los anhelos.

Daniel Soriano Correa.

Copyright © 2008. Todos los derechos reservados.

Fotografía: Daniel Soriano Correa. "Atardecer". Cercania a playa Cole Cole. Parque Nacional Chiloé. Copyright © 2008

lunes 9 de junio de 2008

Te Marchas


Y si de una mañana creciera el cúmulo crepuscular, y si la perspicacia boba de la intrascendencia de tus mejillas rosa se plantara frente a mi semblante, te diría vete, acude con tu ropaje de coraza al mal trecho, descansa en la soberbia gesticular de tu indiferencia, agita tus cerrazones del albor y lárgate donde el escudriño estacionario de la mirada no encuentre tu paradero.

Agazápate a la certeza de tus acaecidas rutas, esquiva la malquerencia de mi cólera esporádico, márchate con tus arquetipos en la pesada alforja que arrastras. Es cierto, me intrinca sustentar el garbo gesto del ahogo sibilino, aparente, postizo; pero resulta igualmente inequívoco que tu éxodo despierta colibríes en trance, que tu pisada decidida depone las máculas del letargo, que la medida de tu desvió remueve el polvo de lo preexistente en otros ciclos, otros tiempos donde caminaba señero, imperturbable, mirando la simpleza con la ternura de la inocuidad, constantemente mártir del embrujo de la belleza de las cosas.

A la sazón te largas por el abajadero con tus aretes de papelón, con tu olor a vainilla y a incienso, con tus paños tornasol y una falda andrajosa que sugiere tu humildad, con tu aditamento de ternura y tirantez, con la abulia que apedreo tantas de mis sonrisas, con tu cabello ensortijado que siempre codiciaste trasquilar, con tu voz de cría cuando perseguías mis caricias y la persistente somnolencia y el frio con que te encogías en mi regazo.

Te llevas la dulzura de tus desaciertos lingüísticos, tus intervenciones inoportunas, la radicalidad de tus palabras, de tus actos. Te vas y dejas el aroma a la perversa estrategia con la que planificaste mi agonía, la fría diplomacia en la que se entumeció tu amor, repentina, impredecible… para mí.

Fuiste tanto tiempo un universo paralelo, un agujero negro que se expandía ante mis ojos, que por momentos se interceptaba con mi mundo en el punto exacto de la duda, la duda persistente, usual, domesticada.

Gira el último recuerdo como la luz de un faro deshabitado, da vueltas mientras presencio tú partida sin retorno. Con un guiño encubro una lágrima, con un gesto oculto la leve sonrisa.

Daniel Soriano Correa.

Copyright © 2008. Todos los derechos reservados.

Fotografía: Daniel Soriano Correa. "Marchate". Copyright © 2007